Cuando preparamos una mezcla, lo ideal es medir el volumen final de la disolución, ya que el soluto siempre ocupa un espacio, por pequeño que sea. Sin embargo, en el contexto que mencionas, se aplica la siguiente lógica:
La aproximación por dilución extrema: Cuando una disolución es "muy diluida", la cantidad de soluto es tan pequeña en comparación con el solvente (como el agua) que su aporte al volumen total es prácticamente despreciable.
Simplificación en el laboratorio: En estos casos específicos, se asume que el volumen del solvente es igual al volumen total de la disolución. Se hace para simplificar los cálculos cuando la precisión requerida permite ignorar ese pequeñísimo incremento de volumen que aporta el soluto.
¿Cuándo se usa? Se suele aplicar principalmente en cálculos de molaridad en soluciones acuosas muy ligeras o cuando trabajamos con conceptos como las partes por millón (ppm), donde la masa del soluto no altera de forma significativa el espacio que ocupa el líquido.